sábado, 14 de septiembre de 2013

Misión "Encontrarte", cumplida.

Sombrío y misterioso, como sacado de un libro.
Una suma de coincidencias que me provocan y podría estar junto a una ventana mientras llueve tomando un café, mirándote incluso en la nada.
Misión dos, que me encuentres.

martes, 10 de septiembre de 2013

No era yo, nunca lo fui.

Decepcionarse hasta el hastío.
Que te duela y que te vuelva a doler. Te golpean de forma distinta pero siempre es en el mismo lugar.
Ahí, es donde se juntan las cicatrices, hay nauseas pero se sabe que el dolor no se puede vomitar, pero uno insiste en expurgarse, confundiendo el interior de el exterior.
Es fácil sentirse victima, cuando la historia te involucra y encima la cuenta una misma, una misma que se tuvo que contener sola, entonces todo es mas duro y distinguir quien salió mal de toda esa violencia romántica. - Okey, yo sé y asumo mi deslealtad, pero la justifico en la medida en que fue usada para defenderme- vean, sigo siendo la pobrecita.
Me juega tan en contra ser racional cuando no lo debo, porque me engaño y digo cosas opuestas a lo que de verdad quiero manifestar, entonces me duele en silencio todo. Yo no sé si alguien habrá usado la misma arma conmigo o realmente me impelieron simplemente, ignorando cualquier posible herida. Quién sabe, pero ahí está la cuestión que juega con mi mente.

Iba caminando un día, quise algo, lo tuve, lo perdí, independiente de haberlo hecho o no por voluntad, la cosa es que ya no estaba eso.
Tiempo después iba caminando, me sorprendí por el tiempo que había pasado, "tanto tiempo ha pasado y sigo dando jugo?. Que mal". Eso pensé regañandome.

Alguien me dijo "te dejó mal" y respondí con mucha certeza, "No se trata de eso, es que fue el último" ... ES QUE ES EL ÚLTIMO? Que asco.
Respuesta de hueona caprichosa y así es como dan vueltas por todas partes mis "No sé"...
No sé lo que quiero, con suerte se quién soy. Las heridas no sé si son provocadas o hechas por mi misma, no creo que sea posible pasar una y otra vez por penurias similares.

A una amiga le pregunte si realmente nunca había mirado al tipo que según ella ama (o le obsesiona, no sé) y se había cuestionado diciéndose "ya no quiero a este wn", me dijo de inmediato que no y como en mi eso ya es una constante, quedé sorprendida, entonces de nuevo llego a lo mismo "no sé".
Me siento feliz, después no, quiero algo, después no, estoy triste, después no. La respuesta llega sola...inestabilidad.
Eso de sentirse poco especial repercute en el ego y el capricho se vuelve más potente.
- Ponte de rodillas y ámame, hazme ver que tengo el control. Si haces lo que quiero te daré mi amor, puedo pintarte sonrisas si así lo deseas y mereces-.

Yo te quiero y te sigo queriendo, pero yo no sé querer...

Una vez creí que me habían destruido, pero no fue así, en otra ocasión me destruyeron de verdad y aquí estoy de frente a mi inestabilidad, es nuestro juego donde la visita de turno apenas se aprecia y participa en nuestro asqueroso y egoísta vaivén, poniendo en medio a quien debiese estar de frente, en vez de aquella traidora oponente MÍA.
Se llevaron tanto de mi y volver a conocerme se ha vuelto tan difícil, que hace poco olvide como era esa yo feliz, la que gustaba de bailar en los pasillos y fue doloroso no llegar a recordarme. Sin embargo, no se trata nunca del otro, se trata de si mismo.
Bailar y pasar de los brazos del ego, a los del capricho, hasta la inestabilidad y así envolverse en movimientos sin coordinación, donde por cada movimiento torpe te pisan los pies.

Ahí está la herida, que he manoseado tanto YO y sólo la he vuelto más grande, todo por no ser capaz de subir la mirada y captar con atención el horizonte. A veces sí, levanto la cabeza pero enseguida me dirijo de nuevo hacia mi herida.
-Hola
-Hola, mira la herida que tengo acá.
Y te miran haciendo notar con un gesto facial que una le da más importancia de la que tiene (a veces incluso lo dicen) y una hace un silencio de modo que miras a la persona dándole la razón y te arrepientes por lo inoportuno de tus palabras.
Ha pasado tanto tiempo y una siempre cree que ya es hora, pero amiga inestabilidad no deja de recordar la existencia de tu herida, entonces hurgas en ella y el malestar interno viene de nuevo junto a las nauseas, - quiero botar algo, pero no sé como hacerlo- y en realidad, no quieres botar nada, simplemente notaste la herida y tu (mi) atención se fue en ella.

De igual modo, es fácil sentirse poco especial.