lunes, 23 de junio de 2014

Perder el tiempo:

Rascarse la cabeza, mirarse al espejo una y otra vez, poner disco tras disco de un mismo artista, aburrirse un rato, mirar el desorden de la habitación.
Proponerse hacer algo productivo, terminar leyendo en redes sociales.
Recordar cosas del pasado, fantasear con el futuro.
Respirar agitado, respirar pausado, respirar de forma inconsciente, respirar por inercia.

Tomar los chocolates comprados ayer por la noche, pretender dejar el azúcar. Repetir en la mente: "Está será la última vez".
Poner canciones que invocan personas que no están a mi lado, que andan rondando no sé donde, personas que seguramente están al lado de otras, personas que deben ver al techo y en algún momento, o más bien segundo del día... o quizá segundo de la semana, o tal vez del mes, también deben recordarme, para bien o para mal, pero deben hacerlo de vez en cuando y no de forma premeditada.

Escuchar más de tres veces la misma canción.
Sentirse mal por aún no empezar las obligaciones de la universidad. Merodear por la página en que la gente de dicha institución se "confiesa", reírse de ellos, esperar algo, que no pase nada.

ESPERAR...
Esperar...

Hervir el agua, sacar el té de la bolsa de papel, acompañarlo con un palito de canela y una hojita seca de cedrón. Pensarte, recordarte, quererte, amarte, odiarte.
El hombre sin esencia, el hombre que lo que es todo, el hombre pequeño y gigante. El asqueroso y deseado, el que posee todos los rostros, el que es la suma de todos los hombres, el que posee todas las cualidades, el que brilla.
¿Puede ser alguien más completo que él ?. Pienso que no.
Hombre gigante y pequeño, presente y ausente.
Pienso en tus manos, tu cuerpo, tu cara. Te aborrezco y te odio. Te sigo, te pienso, te recuerdo y te vuelvo a querer. Lo más cercano a tenerte, fue en un sueño matutino, nuestras piernas se entrelazaban y estábamos en la misma cama, juntos, como hace un tiempo atrás.
Desperté apabullada, negándome a perder ese momento, volví a cerrar los ojos. Me repetía la consciencia dormida. "No me puedo olvidar, no me puedo olvidar". Volví a soñarte un rato, luego ya cansada de estar tanto tiempo con los ojos cerrados, me decidí a dejarte ir. No recuerdo ya que hablábamos, pero me quedó la sensación delirante de haberme estado contigo, la ternura estaba dentro de mi imaginario. La tarde fue plena.

Aveces, cuando dejo de pensar y percibo el exterior, te olvido un rato, pero en las gentes veo tu rostro y te confundo con ellos. Unos son más gordos, otros más delgados, da igual, el punto es que siempre son diferentes y que siempre estás en todas partes.

Rascarse la cabeza, mirarse al espejo, notar las ojeras violetas y violentas.
Creo que ya es hora de dormir, gracias por el momento extraordinario que me has dado.
Me atrapaste por hoy. Así que creo que dejaré para mañana mis quehaceres. Es seguro que mañana repetiré muchos rituales, parecidos a los de hoy y sólo espero que a la hora del té, no vengas a mi mente. Aunque si de perder el tiempo hablamos, hacerlo contigo como eje principal, es más entretenido que quitarse el esmalte de uñas con las propias uñas, que examinar con desaliento el piso sucio y no limpiarlo o que mirarse al espejo cada cierto rato.

Espero seguir viéndote en mis sueños...y en todos los rincones de la ciudad.