viernes, 5 de junio de 2020

El cuento de todas las noches

Vaya a acostarse
Vaya a acostarse que ya son las 5 am, mañana (o más rato) va a parecer un mapache, despertará en la tarde y ni siquiera cumplirá las 8 horas de sueño, y peor que eso, despertará frustrada y haciéndose juramentos falsos.

El sol ya juega a la escondidas con usted y en este tiempo no se despide por su habitación, se despide por la habitación contigua. No lo tome a personal. A fin de cuentas, es su culpa por levantarse tan re tarde y por encerrarse tanto en esa pieza, en ese panóptico, vigilada por sus vecinos: los desapercibidos, el marihuanero, y el misterioso/a que se acuesta tarde tan tarde como usté.

En la tarde pasará el joven y la mujer que venden el pancito amasa'o. Primero el hombre, luego la mujer, sagradamente. Calentito y fresquito, dicen. Como antaño, usté sólo rememora, y se ve a sí misma sentada en el sillón donde su abuela, cuando jugaba con sus primos y la plaza estaba verde y llena de niños, y no de drogadictos. Cuando eran los noventas y no los dosmiles.

El día se hace corto.

Y este corto día que culminó en una larga madrugada terminó siendo de nostalgias y evocaciones, sólo falta el uniforme a esta altura. La falda de colegio a tablas, los zapatos muy femeninos, y la niña viviendo como siempre entre su tristeza crónica, el opio de las historias de amor, y ahora, en la autoburla de su conciencia. La niña ya tiene dolencias, ya tiene preocupaciones, la niña es una mujer, pero su interior oscila entre estos polos en estos viajes nocturnos.

Las noches son muy largas y se saborean en el egoísmo, pero... ¡vaya a acostarse le dicen!