escapé a su mirada, no por arrepentimiento, sino que por vergüenza.
Fueros varios los momentos en que pasamos uno por enfrente del otro, sin topar nunca la mirada, puesto que apenas dirigí mi cabeza y con eso obligadamente mi mirada; hacía el horizonte, donde su sombra no figuraba, donde los recuerdos eran ahuyentados. Así fue, hasta que de pronto me vi entre la espada y la pared; parada en frente de todos por imposición de aquella autoridad, siin saber que hacer, sin tener la respuesta que aquella persona esperaba. Perdida, como cualquier persona que se reincorpora a un lugar donde todos van (supuestamente) al mismo paso. Fue entonces, cuando una voz quebró el silencio, luego de haber perdido infructuosamente ayuda, sentí horror durante un segundo o quizá menos, me volteé de forma valiente y aliviada, me sentí extrañamente bien, pero sobretodo sostenida. Fue la instancia ideal para toparme con tu mirada, porque simplemente me sacaste de un flagelo tanto material, como emocional y aunque no pude agradecer, sé que algún día también llegará la instancia y quién sabe, si también llega en un momento en que quiebre tu realidad
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