jueves, 9 de octubre de 2014

Relojitos

Iban, como casi nadie en este lugar, a tomar mate a orillas de la playa.
El creía más en ello, como si estuviera preparándose para el futuro, como si todo correspondiera, menos la mujer -opresora- que se encontraba a su lado. Ambos sonreían en ocasiones, también sentían cariño el uno hacia el otro, pero algo no cuadraba en esa imagen. Su complicidad era sólo compañía, un destello de vida que pasaba por delante de cada uno.

Pasó tanto tiempo, cada quien por su lado y él por fin, bebía con quien debía. Mientras tanto, se dice que ella se quedó a orillas de la playa contando granitos de arena, maravillándose con cada uno, explorando, observando sus detalles, sus diferencias, lo que hacía único a cada grano. Nadie sabe cuantos lleva, ni siquiera ella, que perdía la cuenta con frecuencia...

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