Vaya, que ganas de volver a verlo.
No recuerdo su nombre, apenas podría describir su facciones.
Siempre he sido torpe, pero ese día fui odiosa, no sabía que pretendía, sólo quería pelear con ese tipo.
Que ganas de agarrarlo a patadas en la cabeza, decía yo a su amigo entre la multitud, pero vaya que deseos ocultaba.
No estaba lo suficientemente ebria, tenía por lo tanto más inseguridad, o tal vez miedo, o no sé, pero me importaban las consecuencias, sin embargo, discutía con él acaloradamente. A veces perdía en la garganta los argumentos, porque no discutía por sentir que defendía una idea, lo hacía sólo para provocarlo a él. Tenía frialdad, analizaba a la multitud e intentaba darle una explicación al comportamiento de todos quienes estábamos ahí. Me hablaba con estadísticas, yo lo contradecía en todo y lo menospreciaba por ser de Santiago. Recuerdo que me dijo que había nacido en Francia, me pregunté si acaso era, quien yo creía que era, pero esfumé el pensamiento en unos minutos. No sabía que pasaba, que me pasaba exactamente con él, cada idea nos ponía en veredas distintas. En un momento alguien dice "cabros, no se vayan en la profunda" él dio le dio la razón a quien dijo eso, pero de todos modos siguió discutiéndome. Hice un silencio, miré el horizonte, le di la razón en lo que fuera que me haya dicho, me preguntó si me estaba rindiendo, le dije que sí.
Me preguntó si ya me había aburrido, le dije la verdad, un no rotundo, me miró, diciendo: "Te gané". De nuevo me puse a la defensiva, pero ya estaba más dócil. Tendía más al silencio, en cada sorbo me ponía más quieta y callada, pero sentía más y más deseo de esa persona. En mi mente culpaba a su abrigo, y es qué porqué han de verse más atractivos los hombres con abrigos?, no lo sé, pero él se veía particularmente bien.
Era tan consciente de la situación de superficialidad de la gente, era tan detestable, tan cuerdo, tan crítico frente a todo, era un amargado, apenas se le veía reír, de las veces que lo hizo, que fueron pocas, se veía lindo, pero se veía más lindo con su aparente distancia de la gente porteña y su modo de vida. Me confesó su adicción a Santiago, decía que no le gustaba, pero que no podía estar lejos de ella, era adicto simplemente.
Las discusiones, mis silencios posteriores que daban a entender mi rendimiento o quizá y según él "aburrimiento", entre todo eso, recuerdo casi como últimas palabras muchas veces repetidas "No nos vamos a volver a ver" "pero que importa todo, si no nos volveremos a ver" "¿Porqué cierto que no nos vamos a volver a ver?". Yo no respondía nada, sólo miraba con una sonrisa tenue y casi inexpresiva, casi como perdida, pero lo divertido es que estaba perdida en él.
Era un hombre alto, tenía alrededor de treinta años, me gustaban sus dientes, me gustaba su pelo, su antipatía, ver como no se hallaba en el sitio en que estaba, me gustaba su color de piel, blanco como papel, su mirada fija, su risa difusa.
Ese día estaba con mi amiga más de "buenas costumbres y una alta moral", que finalmente sólo quería sacarnos de encima a aquellos dos tipos, es que a pesar de que había simpatía entre todos, ella pone límites y hace siempre lo correcto, de acuerdo a eso actúo haciendo para un colectivo para que ambos se fueran (por fin).
La despedida fue abrupta, el colectivo estaba listo para llevárselo, yo no quería que eso pasará, pero ahí estaba en silencio, mirando. El beso de despedida fue en la mejilla, dijimos cosas que ni recuerdo, pero lo último que dije, que recuerdo muy bien porque me salió desde muy adentro, fue: "Fue un gusto pelear contigo", me miraba detenido, esbozó una clara sonrisa, seguía detenido, hasta que se subió al auto y desapareció.
Yo no tenía ganas de dejar de verlo y sólo pensaba "no nos veremos nunca más", no puedo aceptar que no lo veré nunca más, no puedo, no quiero, pero infinitamente no puedo no volver a verlo.
Llegué a mi casa a dormir, desperté y luego de varias horas, se me vino a la mente la idea de qué el tipo que había conocido era muy parecido a quien yo he señalado como hombre ideal, Graham Coxon, músico de Blur. Por la mierda, discutí odiosamente toda la noche con un tipo igual a Graham Coxon. Por qué?! Cómo?!.
Vaya, pero que ganas siento de volver a verlo. Podría incluso soportar verlo todos los días.
Siento pendiente su sonrisa, su boca en la mía.
viernes, 30 de agosto de 2013
lunes, 26 de agosto de 2013
Tu locura era linda
...y tal vez lo siga siendo, no sé.
Me acuerdo del 2012 evitándote, implorando no toparme contigo, intentando dar pasos fugaces por ciertas calles, escapando de toda posibilidad, mirando hacia abajo, escodiéndome.
Me acuerdo hasta hace poco, durante este año, yo buscándote en todas partes, yo queriendo toparme contigo, recorriendo aquellas calles que prometían falsamente que coincidiéramos tú y yo. Yo quería verte, verte en todas partes, en la gente, en el aire, en el caos rutinario, en las tardes inquietas, en las noches de desenfreno. Sabía sin embargo, que había un sólo lugar donde te podía encontrar con certeza, pero no, no era considerado como algo que realizaría, así que sólo me quedaba verte en mi mente, las veces que quisiera, ya quizá un poco borroso, pero intacto en mis pensamientos.
Ambas situaciones eran desesperantes y en ambas, nunca te encontré, la casualidad nunca quiso juntarme contigo, ni cuando no quería, ni cuando si quería.
Un día nos volvimos a ver, fue de forma intencionada, necesitaba hacer un fin oficial, necesitaba darte por muerto de una vez, arrancarte de mis pensamientos, dejarte como un nadie. Siempre necesito hacer oficial todo, me gusta seguir el guión, pretender una ceremonia, maquinar tal vez la situación. Después de buscarte y no encontrarte, a pasar a tenerte cerca, a declarar todo como por fin, por fin tus ojos, por fin tu sonrisa, por fin tu voz, por fin todo, por fin tú. Día de mierda, lo había esperado tanto (creo que casi un mes), era dulce y amargo, era gris y colorido. No sabía mucho que decir, si acaso reconocer errores, decirte mis verdades, amargarte quizás por un rato, volver a ser torpe, saber que te quería, pero querer a la vez que me odiaras, que supieras que nunca fuiste tan especial, que tuvieras la certeza de que no eras tan importante, de decir palabras para aparentar ausencia de todo sentimiento hacía ti, escupir al cielo sabiendo que me iba a caer en la cara. No sabía realmente que hacer, ser madura, ordenar mis ideas. Recuerdo que tu presencia me dolía, moría por envolverme en ti, fue todo tan dichoso y tormentoso a la vez, desde un principio, o sea, ¿qué diablos hacía yo dándote un beso en la mejilla cuando nos saludamos?. Eso estaba pésimo, mis besos no correspondían a tu mejilla.
La intención de ese día era conversar y aclarar ciertas cosas, las palabras eran sólo excusas, era lo secundario, yo sólo quería verte, estarme cerca de ti, encontrarme en tu vista, disfrutarte una última vez, con dolor y con amor, porque claro estaba que aún sentía enamoramiento y también me estaba permitiendo sentirme así una última vez. El durante fue una suma de súplicas mentales, pidiendo que me abrazaras, que te acercaras más de la cuenta, que me rozaras las manos, que me acariciaras, etcétera, etcétera, etcétera. Nada de eso pasó.
A muchas personas les he comentado que mi lugar favorito de Valpo es el muelle, pero yo sólo andaba por el paseo y jamás estuve en mi supuesto lugar favorito, hasta ese día, ese estuve en el muelle por fin, pero de la peor forma que podía imaginar, contigo y sin ti.
Después de tanto nada y todo, nos fuimos, y si el saludo fue asqueroso, la despedida fue más que horrorosa, tenía pensado darte un abrazo apretado, un beso de verdad en tu mejilla colorada y todo fue tan rápido, desapareciste arriba de una micro y recuerdo que me fui a la mierda. Caminaba y me sentía gris, como si mi cuerpo a cada paso fuera derritiéndose, yo era miserable, sentía que estaba peor que el resto y que todos los notaban. Las ganas de llorar eran infinitas, las ganas de un abrazo hacían parecer todo peor, porque mierda no aparecía alguien a abrazarme mientras yo lloraba, disimulaba las ganas de mis anhelos, la tristeza no podía esconderla, pero el llanto y las ganas de un abrazo debían permanecer silenciosas, enjauladas en mi pecho y ahí estaban apretándome el corazón, debilitando mis ganas de todo, iba tan destruida e infeliz, pero tenía que sacar fuerzas para llegar a mi casa. Llegué, me sentía en la nada, no lloré, no sabía que hacer, me tendí sin pensarlo en mi cama, no había comido en todo el día, pero el hambre no tenía lugar en mi atención, de hecho ni siquiera sabía si estaba presente o no, yo sentía el vacío de quedarme sin alguien, de saber que no habrían mas besos, mas abrazos, mas discusiones, más sonrisas, más nada. Me miraba en el espejo, no pensaba mucho, sentía tanta ausencia, pero como no sentirla, si alguien se había llevado un pedazo de mi misma.
Ese día antes de todo eso, me levanté feliz, animosa, sonreía por la calle, la gente notaba mi alegría, lo sé. Después de eso todo fue tan gris, tan infeliz y tan todo lo que mencione antes.
Llegó la calma al poco tiempo, al otro día ya no me importaba si te veía en la calle o no. Ya no tenía ganas, ni ánimo de toparme contigo. Si te veía era algo que no me atormentaba ni me hacía formar expectativas ridículas en mi mente.
Que más daba todo, una vez ya sufrí mucho, ahora las caídas aunque duelan, no soy de las personas que se martirizan, así que sigo adelante simplemente.
Y claro..."¿Por qué decidiste permanecer pobre, dejándome a mi tan rica?"...
Me gustaba tanto cuando decías la palabra "dulce", te salía con una melodía tan agradable de oír, especialmente si eso iba dirigido hacia mi. Me gustaba esa exageración de movimientos mientras hablabas, esos arranques de mierda, tus piernas largas y divertidas, tu hogar, tus padres, tu balcón, tu gato incluso, tu piel cálida que me hacía sentir que estaba en el lugar correcto.
Sí, te quise. No supe quererte, pero te quise.
Hoy nuestros caminos están separados, decidí no saber más de ti, porque para que las heridas se sanen bien con el ex de cerca se hace más dificultoso y no pretendo quedarme triste por ti, no me lo permito.
Aveces la gente me hace recordarte ...
Me acuerdo del 2012 evitándote, implorando no toparme contigo, intentando dar pasos fugaces por ciertas calles, escapando de toda posibilidad, mirando hacia abajo, escodiéndome.
Me acuerdo hasta hace poco, durante este año, yo buscándote en todas partes, yo queriendo toparme contigo, recorriendo aquellas calles que prometían falsamente que coincidiéramos tú y yo. Yo quería verte, verte en todas partes, en la gente, en el aire, en el caos rutinario, en las tardes inquietas, en las noches de desenfreno. Sabía sin embargo, que había un sólo lugar donde te podía encontrar con certeza, pero no, no era considerado como algo que realizaría, así que sólo me quedaba verte en mi mente, las veces que quisiera, ya quizá un poco borroso, pero intacto en mis pensamientos.
Ambas situaciones eran desesperantes y en ambas, nunca te encontré, la casualidad nunca quiso juntarme contigo, ni cuando no quería, ni cuando si quería.
Un día nos volvimos a ver, fue de forma intencionada, necesitaba hacer un fin oficial, necesitaba darte por muerto de una vez, arrancarte de mis pensamientos, dejarte como un nadie. Siempre necesito hacer oficial todo, me gusta seguir el guión, pretender una ceremonia, maquinar tal vez la situación. Después de buscarte y no encontrarte, a pasar a tenerte cerca, a declarar todo como por fin, por fin tus ojos, por fin tu sonrisa, por fin tu voz, por fin todo, por fin tú. Día de mierda, lo había esperado tanto (creo que casi un mes), era dulce y amargo, era gris y colorido. No sabía mucho que decir, si acaso reconocer errores, decirte mis verdades, amargarte quizás por un rato, volver a ser torpe, saber que te quería, pero querer a la vez que me odiaras, que supieras que nunca fuiste tan especial, que tuvieras la certeza de que no eras tan importante, de decir palabras para aparentar ausencia de todo sentimiento hacía ti, escupir al cielo sabiendo que me iba a caer en la cara. No sabía realmente que hacer, ser madura, ordenar mis ideas. Recuerdo que tu presencia me dolía, moría por envolverme en ti, fue todo tan dichoso y tormentoso a la vez, desde un principio, o sea, ¿qué diablos hacía yo dándote un beso en la mejilla cuando nos saludamos?. Eso estaba pésimo, mis besos no correspondían a tu mejilla.
La intención de ese día era conversar y aclarar ciertas cosas, las palabras eran sólo excusas, era lo secundario, yo sólo quería verte, estarme cerca de ti, encontrarme en tu vista, disfrutarte una última vez, con dolor y con amor, porque claro estaba que aún sentía enamoramiento y también me estaba permitiendo sentirme así una última vez. El durante fue una suma de súplicas mentales, pidiendo que me abrazaras, que te acercaras más de la cuenta, que me rozaras las manos, que me acariciaras, etcétera, etcétera, etcétera. Nada de eso pasó.
A muchas personas les he comentado que mi lugar favorito de Valpo es el muelle, pero yo sólo andaba por el paseo y jamás estuve en mi supuesto lugar favorito, hasta ese día, ese estuve en el muelle por fin, pero de la peor forma que podía imaginar, contigo y sin ti.
Después de tanto nada y todo, nos fuimos, y si el saludo fue asqueroso, la despedida fue más que horrorosa, tenía pensado darte un abrazo apretado, un beso de verdad en tu mejilla colorada y todo fue tan rápido, desapareciste arriba de una micro y recuerdo que me fui a la mierda. Caminaba y me sentía gris, como si mi cuerpo a cada paso fuera derritiéndose, yo era miserable, sentía que estaba peor que el resto y que todos los notaban. Las ganas de llorar eran infinitas, las ganas de un abrazo hacían parecer todo peor, porque mierda no aparecía alguien a abrazarme mientras yo lloraba, disimulaba las ganas de mis anhelos, la tristeza no podía esconderla, pero el llanto y las ganas de un abrazo debían permanecer silenciosas, enjauladas en mi pecho y ahí estaban apretándome el corazón, debilitando mis ganas de todo, iba tan destruida e infeliz, pero tenía que sacar fuerzas para llegar a mi casa. Llegué, me sentía en la nada, no lloré, no sabía que hacer, me tendí sin pensarlo en mi cama, no había comido en todo el día, pero el hambre no tenía lugar en mi atención, de hecho ni siquiera sabía si estaba presente o no, yo sentía el vacío de quedarme sin alguien, de saber que no habrían mas besos, mas abrazos, mas discusiones, más sonrisas, más nada. Me miraba en el espejo, no pensaba mucho, sentía tanta ausencia, pero como no sentirla, si alguien se había llevado un pedazo de mi misma.
Ese día antes de todo eso, me levanté feliz, animosa, sonreía por la calle, la gente notaba mi alegría, lo sé. Después de eso todo fue tan gris, tan infeliz y tan todo lo que mencione antes.
Llegó la calma al poco tiempo, al otro día ya no me importaba si te veía en la calle o no. Ya no tenía ganas, ni ánimo de toparme contigo. Si te veía era algo que no me atormentaba ni me hacía formar expectativas ridículas en mi mente.
Que más daba todo, una vez ya sufrí mucho, ahora las caídas aunque duelan, no soy de las personas que se martirizan, así que sigo adelante simplemente.
Y claro..."¿Por qué decidiste permanecer pobre, dejándome a mi tan rica?"...
Me gustaba tanto cuando decías la palabra "dulce", te salía con una melodía tan agradable de oír, especialmente si eso iba dirigido hacia mi. Me gustaba esa exageración de movimientos mientras hablabas, esos arranques de mierda, tus piernas largas y divertidas, tu hogar, tus padres, tu balcón, tu gato incluso, tu piel cálida que me hacía sentir que estaba en el lugar correcto.
Sí, te quise. No supe quererte, pero te quise.
Hoy nuestros caminos están separados, decidí no saber más de ti, porque para que las heridas se sanen bien con el ex de cerca se hace más dificultoso y no pretendo quedarme triste por ti, no me lo permito.
Aveces la gente me hace recordarte ...
sábado, 17 de agosto de 2013
Algo nuevo pero viejo
Tengo las manos vacías pero abiertas, abiertas de disposición, abiertas de ofrecimiento, abiertas de entrega. Libres, con la opción de cerrarse, pero negándose con fuerza a aquello.
Descubrí un destello de sol ...
Olvide hacer mención del vacío, vacío de nada simplemente. No se trata de "llenar vacíos", se trata de lo simple, de lo no pretencioso. Fue reservarte un lugarcito, así sin más...
Chao pescao.
Bienvenido seas, bienvenido eres ...
Descubrí un destello de sol ...
Olvide hacer mención del vacío, vacío de nada simplemente. No se trata de "llenar vacíos", se trata de lo simple, de lo no pretencioso. Fue reservarte un lugarcito, así sin más...
Chao pescao.
Bienvenido seas, bienvenido eres ...
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