lunes, 26 de agosto de 2013

Tu locura era linda

...y tal vez lo siga siendo, no sé.
Me acuerdo del 2012 evitándote, implorando no toparme contigo, intentando dar pasos fugaces por ciertas calles, escapando de toda posibilidad, mirando hacia abajo, escodiéndome.
Me acuerdo hasta hace poco, durante este año, yo buscándote en todas partes, yo queriendo toparme contigo, recorriendo aquellas calles que prometían falsamente que coincidiéramos tú y yo. Yo quería verte, verte en todas partes, en la gente, en el aire, en el caos rutinario, en las tardes inquietas, en las noches de desenfreno. Sabía sin embargo, que había un sólo lugar donde te podía encontrar con certeza, pero no, no era considerado como algo que realizaría, así que sólo me quedaba verte en mi mente, las veces que quisiera, ya quizá un poco borroso, pero intacto en mis pensamientos.
Ambas situaciones eran desesperantes y en ambas, nunca te encontré, la casualidad nunca quiso juntarme contigo, ni cuando no quería, ni cuando si quería.

Un día nos volvimos a ver, fue de forma intencionada, necesitaba hacer un fin oficial, necesitaba darte por muerto de una vez, arrancarte de mis pensamientos, dejarte como un nadie. Siempre necesito hacer oficial todo, me gusta seguir el guión, pretender una ceremonia, maquinar tal vez la situación. Después de buscarte y no encontrarte, a pasar a tenerte cerca, a declarar todo como por fin, por fin tus ojos, por fin tu sonrisa, por fin tu voz, por fin todo, por fin tú. Día de mierda, lo había esperado tanto (creo que casi un mes), era dulce y amargo, era gris y colorido. No sabía mucho que decir, si acaso reconocer errores, decirte mis verdades, amargarte quizás por un rato, volver a ser torpe, saber que te quería, pero querer a la vez que me odiaras, que supieras que nunca fuiste tan especial, que tuvieras la certeza de que no eras tan importante, de decir palabras para aparentar ausencia de todo sentimiento hacía ti, escupir al cielo sabiendo que me iba a caer en la cara. No sabía realmente que hacer, ser madura, ordenar mis ideas. Recuerdo que tu presencia me dolía, moría por envolverme en ti, fue todo tan dichoso y tormentoso a la vez, desde un principio, o sea, ¿qué diablos hacía yo dándote un beso en la mejilla cuando nos saludamos?. Eso estaba pésimo, mis besos no correspondían a tu mejilla.
La intención de ese día era conversar y aclarar ciertas cosas, las palabras eran sólo excusas, era lo secundario, yo sólo quería verte, estarme cerca de ti, encontrarme en tu vista, disfrutarte una última vez, con dolor y con amor, porque claro estaba que aún sentía enamoramiento y también me estaba permitiendo sentirme así una última vez. El durante fue una suma de súplicas mentales, pidiendo que me abrazaras, que te acercaras más de la cuenta, que me rozaras las manos, que me acariciaras, etcétera, etcétera, etcétera. Nada de eso pasó.
A muchas personas les he comentado que mi lugar favorito de Valpo es el muelle, pero yo sólo andaba por el paseo y jamás estuve en mi supuesto lugar favorito, hasta ese día, ese estuve en el muelle por fin, pero de la peor forma que podía imaginar, contigo y sin ti.
Después de tanto nada y todo, nos fuimos, y si el saludo fue asqueroso, la despedida fue más que horrorosa, tenía pensado darte un abrazo apretado, un beso de verdad en tu mejilla colorada y todo fue tan rápido, desapareciste arriba de una micro y recuerdo que me fui a la mierda. Caminaba y me sentía gris, como si mi cuerpo a cada paso fuera derritiéndose, yo era miserable, sentía que estaba peor que el resto y que todos los notaban. Las ganas de llorar eran infinitas, las ganas de un abrazo hacían parecer todo peor, porque mierda no aparecía alguien a abrazarme mientras yo lloraba, disimulaba las ganas de mis anhelos, la tristeza no podía esconderla, pero el llanto y las ganas de un abrazo debían permanecer silenciosas, enjauladas en mi pecho y ahí estaban apretándome el corazón, debilitando mis ganas de todo, iba tan destruida e infeliz, pero tenía que sacar fuerzas para llegar a mi casa. Llegué, me sentía en la nada, no lloré, no sabía que hacer, me tendí sin pensarlo en mi cama, no había comido en todo el día, pero el hambre no tenía lugar en mi atención, de hecho ni siquiera sabía si estaba presente o no, yo sentía el vacío de quedarme sin alguien, de saber que no habrían mas besos, mas abrazos, mas discusiones, más sonrisas, más nada. Me miraba en el espejo, no pensaba mucho, sentía tanta ausencia, pero como no sentirla, si alguien se había llevado un pedazo de mi misma.
Ese día antes de todo eso, me levanté feliz, animosa, sonreía por la calle, la gente notaba mi alegría, lo sé. Después de eso todo fue tan gris, tan infeliz y tan todo lo que mencione antes.

Llegó la calma al poco tiempo, al otro día ya no me importaba si te veía en la calle o no. Ya no tenía ganas, ni ánimo de toparme contigo. Si te veía era algo que no me atormentaba ni me hacía formar expectativas ridículas en mi mente.
Que más daba todo, una vez ya sufrí mucho, ahora las caídas aunque duelan, no soy de las personas que se martirizan, así que sigo adelante simplemente.
Y claro..."¿Por qué decidiste permanecer pobre, dejándome a mi tan rica?"...

Me gustaba tanto cuando decías la palabra "dulce", te salía con una melodía tan agradable de oír, especialmente si eso iba dirigido hacia mi. Me gustaba esa exageración de movimientos mientras hablabas, esos arranques de mierda, tus piernas largas y divertidas, tu hogar, tus padres, tu balcón, tu gato incluso, tu piel cálida que me hacía sentir que estaba en el lugar correcto.
Sí, te quise. No supe quererte, pero te quise.
Hoy nuestros caminos están separados, decidí no saber más de ti, porque para que las heridas se sanen bien con el ex de cerca se hace más dificultoso y no pretendo quedarme triste por ti, no me lo permito.

Aveces la gente me hace recordarte ...

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