viernes, 30 de agosto de 2013

Deseo

Vaya, que ganas de volver a verlo.

No recuerdo su nombre, apenas podría describir su facciones.
Siempre he sido torpe, pero ese día fui odiosa, no sabía que pretendía, sólo quería pelear con ese tipo.
Que ganas de agarrarlo a patadas en la cabeza, decía yo a su amigo entre la multitud, pero vaya que deseos ocultaba.

No estaba lo suficientemente ebria, tenía por lo tanto más inseguridad, o tal vez miedo, o no sé, pero me importaban las consecuencias, sin embargo, discutía con él acaloradamente. A veces perdía en la garganta los argumentos, porque no discutía por sentir que defendía una idea, lo hacía sólo para provocarlo a él. Tenía frialdad, analizaba a la multitud e intentaba darle una explicación al comportamiento de todos quienes estábamos ahí. Me hablaba con estadísticas, yo lo contradecía en todo y lo menospreciaba por ser de Santiago. Recuerdo que me dijo que había nacido en Francia, me pregunté si acaso era, quien yo creía que era, pero esfumé el pensamiento en unos minutos. No sabía que pasaba, que me pasaba exactamente con él, cada idea nos ponía en veredas distintas. En un momento alguien dice "cabros, no se vayan en la profunda" él dio le dio la razón a quien dijo eso, pero de todos modos siguió discutiéndome. Hice un silencio, miré el horizonte, le di la razón en lo que fuera que me haya dicho, me preguntó si me estaba rindiendo, le dije que sí.
Me preguntó si ya me había aburrido, le dije la verdad, un no rotundo, me miró, diciendo: "Te gané". De nuevo me puse a la defensiva, pero ya estaba más dócil. Tendía más al silencio, en cada sorbo me ponía más quieta y callada, pero sentía más y más deseo de esa persona. En mi mente culpaba a su abrigo, y es qué porqué han de verse más atractivos los hombres con abrigos?, no lo sé, pero él se veía particularmente bien.

Era tan consciente de la situación de superficialidad de la gente, era tan detestable, tan cuerdo, tan crítico frente a todo, era un amargado, apenas se le veía reír, de las veces que lo hizo, que fueron pocas, se veía lindo, pero se veía más lindo con su aparente distancia de la gente porteña y su modo de vida. Me confesó su adicción a Santiago, decía que no le gustaba, pero que no podía estar lejos de ella, era adicto simplemente.

Las discusiones, mis silencios posteriores que daban a entender mi rendimiento o quizá y según él "aburrimiento", entre todo eso, recuerdo casi como últimas palabras muchas veces repetidas "No nos vamos a volver a ver" "pero que importa todo, si no nos volveremos a ver" "¿Porqué cierto que no nos vamos a volver a ver?". Yo no respondía nada, sólo miraba con una sonrisa tenue y casi inexpresiva, casi como perdida, pero lo divertido es que estaba perdida en él.

Era un hombre alto, tenía alrededor de treinta años, me gustaban sus dientes, me gustaba su pelo, su antipatía, ver como no se hallaba en el sitio en que estaba, me gustaba su color de piel, blanco como papel, su mirada fija, su risa difusa.

Ese día estaba con mi amiga más de "buenas costumbres y una alta moral", que finalmente sólo quería sacarnos de encima a aquellos dos tipos, es que a pesar de que había simpatía entre todos, ella pone límites y hace siempre lo correcto, de acuerdo a eso actúo haciendo para un colectivo para que ambos se fueran (por fin).
La despedida fue abrupta, el colectivo estaba listo para llevárselo, yo no quería que eso pasará, pero ahí estaba en silencio, mirando. El beso de despedida fue en la mejilla, dijimos cosas que ni recuerdo, pero lo último que dije, que recuerdo muy bien porque me salió desde muy adentro, fue: "Fue un gusto pelear contigo", me miraba detenido, esbozó una clara sonrisa, seguía detenido, hasta que se subió al auto y desapareció.

Yo no tenía ganas de dejar de verlo y sólo pensaba "no nos veremos nunca más", no puedo aceptar que no lo veré nunca más, no puedo, no quiero, pero infinitamente no puedo no volver a verlo.

Llegué a mi casa a dormir, desperté y luego de varias horas, se me vino a la mente la idea de qué el tipo que había conocido era muy parecido a quien yo he señalado como hombre ideal, Graham Coxon, músico de Blur. Por la mierda, discutí odiosamente toda la noche con un tipo igual a Graham Coxon. Por qué?! Cómo?!.

Vaya, pero que ganas siento de volver a verlo. Podría incluso soportar verlo todos los días.
Siento pendiente su sonrisa, su boca en la mía.

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