Y es cuando soy consciente de que existes, que me aparto un poco de las maldades y tristezas del mundo.
No me atreví siquiera a probar mis lágrimas, para saber que tan dulces podrían haber sido, porque mi llanto pretendía ser secreto y por lo tanto silencioso, pero al tenerte en mis brazos sentí la magia misma apoderarse de mi y el amor fue inmediato, convertí un sentimiento casi instintivo, en un pensamiento que vino como un rayo: "lo quiero", sentíendo el resplandor y claridad de aquella luz, que iluminó de principio a fin todo mi interior.La necesidad de expulsar aquella inmensa energía fue algo que escapo de mi control, mientras la lluvia corría por mis ojos y el trueno era estremecedor, pero no eran más que los sollozos de la dicha misma, enérgicos y aquella tempestad que se apoderaba de mi y envolvía a esa criatura pequeña, hermosa, dulce e inocente, era la elevación máxima de un remolino de sentimientos plenos.
Las ganas de recibirte en un mundo más lleno de colores, sonrisas y amor, se contradicen con la realidad que nos cobija y despedaza. Mientras tanto, eres bienvenido en este lugar que no me pertenece a mi, ni a nadie y me alegra enormemente que tengas un lugar un poco más privilegiado que otros, porque naciste con un amor infinito y garantizado. Un amor incondicional, lleno de promesas y expectativas, que sólo quiere ser verdadero y lo digo con seguridad porque conozco a tu padre, a quien también amo, aunque de forma distinta.
Eres afortunado, del mismo modo que tus padres, tus abuelos, bisabuelos y todos quienes te aman sin que tú siquiera seas consciente de aquello (aún).
Un día hace muchos años supe que habría un Vicente a quien iba a amar mucho, tal parece que eras tú finalmente...
Aquella tormenta logró encontrar la calma, el cielo en tanto de despejó y se tornó de azul intenso, ahora lo que se apreciaba era un rayito de sol. Eras tú, iluminando todo a tu alrededor, mientras el sol tranquilamente era testigo de su misma extensión.
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