Tú eres un detalle más, un suspiro más, una ilusión más, un momento más. La esperanza que vuelve de distinta forma y que vuelve a morir de algún modo u otro, más temprano que tarde.
De ahí que ya no quiero dirigirme hacia ti, no darte importancia, mirar hacia el lado contrario de donde vengas, por más que me robes el aliento y me alborotes el interior del cuerpo, mientras siento que muero y vivo, que me elevo y desciendo una y mil veces.
Porque contigo todo se desmorona antes de empezar, porque no hay un contigo, porque eres la abstracción que se funde en el misterio, porque no sé nada de ti.
Miércoles, dije, me gusta ese día. Al fin creo tener una certeza, dije con toda seguridad y alegría, me dirigí al lugar de la posibilidad del todo, que puede cambiar por lo demás todo el escenario y las palabras dichas, pero no. Llegué al lugar, no había casi nadie, el escenario yacía con el telón abajo, el público no estaba y el protagonista estaba quién sabe donde. Me fui decepcionada, no sólo por no encontrar al protagonista, sino porque mi única certeza se pulverizó y esperar otro miércoles me parecía una tortura. A los días siguientes quise extinguir la idea de mis miércoles de colores, de alborotos internos y de certezas ya a esas alturas inciertas. Día martes,me sumergí en el enojo que provocaba la lentitud de la micro y la saturación de las calles, mientras iba con retraso a una clase. Sonó una canción que me recordó el pasado, empecé a putear las coincidencias, o sea, si la micro no hubiese ido tan lento, quizá no habría tenido que oír esa canción y eso no me habría llevado a remontar el pasado. "Putas coincidencias, las odio", pensaba ensimismada mientras la micro se detuvo. Subió gente, cosa normal en los trayectos de micros, pero de nuevo y como siempre apareció, sin que yo lo esperara o supiera, quién debiese haber aparecido al día siguiente. Se me cortó el aliento, pero intenté controlarme hasta el punto máximo de parecer indiferente ante la situación, lo primero sería fijar la vista en otro lado cualquiera que no fuera su mirada, lo segundo sería hacer como si nada, no dar mensajes subliminales, ni crear un encuentros en las miradas. Era tan difícil todo, reprimir las ganas de mirar, fingir que mi atención se dirigía a cualquier otro sitio. El mundo no podía importarme menos en ese momento, pero yo fingía interés en todo lo que veía tras la ventana y una que otra vez, lo miraba de reojo. Sentí deseos de llorar, la adrenalina reprimida era inaguantable y sólo pensaba, una y otra vez, "esto es sólo una casualidad, es sólo una casualidad..." Contigo siempre es así, tú eres la casualidad, eres la no certeza, sobre lo que no tengo poder de goce, ni oportunidad de oler siquiera.
Eres lo desconocido, lo que me intimida con sus dos piedras brillantes que me trizan cual cristal en mi interior. Eres lo que no busqué, lo que veía y me hacía sonreír, lo que encontré en un lugar y se traslado a un sitio compartido.
Eres mi mejor secreto, lo que quiero olvidar antes de cualquier cosa.
"Creo que todos los miércoles lo veré, al fin tengo una certeza" no fue así, porque las casualidades simplemente deben romper todo tipo de certezas.
"Dónde lo he visto" "Sé que lo conozco de algún lugar" pensé un día en el patio de la universidad
"No quiero bolsa, gracias" se fue, llegó él con actitud decidida, le iba a decir lo mismo que al anterior, que no quería bolsa, pero antes de terminar la frase, tenía mis cosas dentro de una bolsa, pero se dio cuenta de lo que le había dicho. Ambos dudamos, yo de lo que decía y él de lo que hacía, finalmente le dije, "ya, no importa", fue una imagen más bien de dos personas torpes. De espaldas y con la situación ya finalizada, se sentía a sus pares como se burlaban de él. Me sonreí para mis adentros.
Desperté un día y lo primero que se me vino a la mente de forma enérgica, sin reflexión alguna y pienso que ni siquiera tan despierta: "Ya sé de dónde lo conozco, sé quien es". Eso fue, te reconocí.
Mi duda, mi no certeza, "mi" de cosa propia, de cosa mía.
En cambio tú mi sorpresa, mi nada.
Tú poderoso o quizá tan débil como yo, yo que sé, yo no sé nada, sólo que no te tengo.
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