jueves, 3 de julio de 2014

Danza Hexagonal.

Ser humano, puto, perro, puerco.
La suciedad, fetidez, el hedor de tus palabras.

Reduce mi cuerpo a tus deseos, clávame tu odio, tu desesperación, tu estupidez.

Mírame sólo cuando el resto también lo haga.

Ignórame. Llévame contigo siempre, arrástrame a todas partes.

Ojalá yo pudiera un día hablar desde ti, aunque fuera una sola vez, pero aquí estoy atrapada en mi.
¿Cómo poder atraparme en ti?, no exponerme a tus palabras, no estar en lo capcioso.

Embriágate y embellece todo tu cuerpo, baila sin ritmo, talento, pretensiones, ni por conseguir reconocimiento. Tus ojos desorbitados ya me atraparon, tu aliento agrio se mezcla junto al mío. En nosotros las almas se tuercen, se desnudan casi al mismo tiempo y se muerden hasta sangrar.

Elévame, bájame. Cierra los ojos, desaparece del momento, rescata trozos al amanecer, guarda cada pedazo de nuestra imbecilidad. Yo ahora me iré a pedalear y no quiero que ninguno de esos restos arruinen mi plan.

Todo volvió a terminar, todo fue como ayer, todo resultaba conocido. Todo tan putrefacto como siempre, todo empieza y termina, y vuelve a empezar y vuelve a terminar.

Adorable y despreciable danza, vasos rotos, corte-sangre, torpeza, palabras, estallidos del alma.

La próxima danza haremos el amor y el odio. La próxima vez le daré menos importancia a mi bicicleta.


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