Tú, mi mundano favorito.
La victima directa del machismo.
El hombre de las Rosas marchitas.
Él que sufre más, se reconoce, se abre al mundo, pero se envuelve en el manto desolador de las normas. Se obstruye y se entrega, mientras a cada paso va tropezando, vociferando ideas nuevas.
Siempre condicionado, nunca libre.
Siempre estremecido, desorbitado entre lo que piensa y lo que hace.
Tú, mi mundo violentado. Mi victima y victimario.
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